Santa Marina la Real

 

ampliarPuerta CastilloEs el barrio de Santa Marina, popular y literariamente conocido como el de las Altas Torres por la multitud de palacetes y casonas que lo llenaban, uno de los rincones donde se puede saborear ese gusto rancio de antigüedad y solera, acrecentada cuando ante nuestra vista se levanta la majestuosa iglesia homónima del barrio y sede canónica de nuestra Cofradía.

Calles y plazas llenas de historia, con nombres evocadores, El Arvejal, Serranos, Descalzos, La Abadía, El Sacramento, Cien Doncellas o La Hoz, los Corrales de San Guisán y Villapérez y las Plazas de San Isidoro, San Pelayo, Puerta Castillo y Santo Martino conforman a grandes rasgos el enmarañado trazado del viejo Barrio de Santa Marina la Real.

La antigua parroquia de Santa Marina, consagrada bajo la advocación de la mártir gallega, ya existía en el año 1032 donada posteriormente como convento a San Isidoro por el Rey Alfonso VI. No estaba situada en el mismo emplazamiento actual, sino en uno de los lados de la muralla norte, concretamente entre la plaza de San Albito y la actual calle de Santa Marina, rincones en los que aún se pueden palpar pétreos sillares esquineros.

ampliarLa actual iglesia, antiguo templo de la Compañía de Jesús, cuya fundación data de 1571 bajo el mecenazgo del obispo Juan de San Millán, se puso bajo la advocación de San Miguel y los Ángeles, y desarrolló su actividad como iglesia del Colegio hasta 1767. En este colegio se formaron los leoneses más distinguidos de la época desde sus inicios hasta el siglo XVIII. Pero tras la expulsión de los Jesuitas de España, quedó el edificio abandonado, resolviéndose en 1769 habilitarlo para iglesia parroquial de Santa Marina la Real, por hallarse la popular y antigua parroquia en estado ruinoso.IMG_8328

El primitivo templo jesuítico acabó resultando pequeño para sus necesidades, por lo que en el último tercio del siglo XVII se decidió hacer una nueva estructura que comenzó el arquitecto Juan Guardado, adquiriendo el edificio las dimensiones que hoy conocemos. Los materiales que sustentan el templo son piedra, ladrillo y tapial. La planta es de cruz latina, similar a los esquemas que popularizaron los Jesuitas. La nave, amplia y luminosa, se cubre mediante bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos y se decora con motivos geométricos y rosones en sus centros. A cada lado y separadas por contrafuertes, existen tres capillas que tienen comunicación entre sí por pasos abiertos de medio punto. El crucero es espacioso, con cuatro arcos torales con pechinas policromadas, y luciendo un JHS, símbolo de la Compañía, entre hojarasca muy abultada, sirve de arranque a una cúpula rebajada decorada con elipses y otros motivos geométricos. Toda la arquitectura queda embellecida por las yeserías que la recubren completamente. Fueron realizadas en el año 1684 por Tomás y Celedonio Ruiz.

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Entre los tesoros artísticos que alberga hay que señalar el Retablo Mayor procedente de la desparecida iglesia de Santa Cruz de las Descalzas de León, de estilo contrareformista del último tercio del XVII con dos pisos y tres calles rematando en ático; la Virgen del Rosario, una de las obras más bellas de Juan de Juni; la estatua en alabastro de Juan de San Millán, fundador del Colegio y espléndida obra de Esteban Jordán; y un Crucificado del siglo XVI.. También conserva multitud de tallas y obras pictóricas además de una buena Cruz Procesional en plata de 1562 y el magnífico órgano procedente del monasterio benedictino de Santa María de Sandoval del año 1749 aunque el monasterio data del siglo XII.

La elección de Santa Marina la Real como sede canónica de la Cofradía no fue al azar, pues la parroquia no deja de ser el alma latente del barrio, un barrio puramente leonés, teñido del púrpura que impregna nuestro regio estandarte, y del color de la Túnica que impusieron al Nazareno. Callejuelas, corrales y antiguos nobles palacetes que todavía, pese al olvido y abandono, esconden en cada resquicio de sus sillares, el sabor de rancio abolengo leonés del que disfrutaron en sus días de esplendor. Esta humildad conjugada con el noble pasado y el purpúreo tinte, también son los símbolos de la Cofradía. Nada podía quedar en manos de la fortuna. Así es el Desenclavo, comprometido con su tierra y con la sociedad más desfavorecida.

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Estaba la barriada ubicada hasta 1770 alrededor de la antigua parroquia, habitada por labradores y baja nobleza, lo que no impidió que llenara las calles y corrales de la mencionada arquitectura. Así, el corral de San Guisán, testigo del levantamiento local contra los franceses el 7 de junio de 1810 en la guerra de Independencia es uno de los núcleos representativos del barrio; la plaza del Vizconde de Quintanilla, vecino que fue y que poseía silla propia en la iglesia; la calle Descalzos que recuerda a los frailes que ampliarhabitaron el desaparecido convento de San Froilán situado en la actual plaza de Santo Martino. Salimos del barrio por el arco de Puerta Castillo que es el único que se mantiene de las antiguas puertas de la ciudad y que fue levantado por Fernando VI en 1757. Sobre él, la aguerrida figura de Don Pelayo, considerado reconquistador de León. Otra salida del barrio hacia la Catedral es el corral de Villapérez, enclavado en la calle Pablo Flórez. Sólo se conserva la fachada de la capilla, construida en 1758. Fue parroquia y aquí tuvo la iglesia el palacio Real de Alfonso VII. También caben destacar las casas del Conde y Marqués de Lorenzana y la calle de San Pelayo, recoleta travesía donde se encuentran varias portadas góticas.

19 de enero de 2016 077Pasear por Santa Marina es colmar los pulmones con el olor a leña y carbón que desprende el humo escapado de los hogares. Restos de un calor que abriga a los recios habitantes del invierno continental que asola a la bimilenaria ciudad de León; y alberga el honor y la nobleza perdida, que marcó y conserva en el panteón de San Isidoro las regias osamentas, las más ilustres que conoció Europa.

Murallas (1)